Blog del grupo 201 para la materia de taller de lectura y redaccion II
lunes, 10 de junio de 2013
Qué hombre (parte 2)
Qué nombre (parte 1)
Roman quedó atónito ante ese perfil. Quería hablarle, bueno no sólo quería hablarle, pero quería empezar por eso, no encontraba una buena escusa para hacerlo. Era pésimo para empezar una plática con las chicas, pero agarraba confianza luego.
En fin, Marcos, el dueño de la casa, lo convenció de que se le acercara, bueno no lo convenció más bien lo empujó hasta ella. Al momento de hacerlo, la chava volteó y le sonrió a Roman y Marcos se fue para dejarlos solos. Le había apostado cien varos a que no le sacaba su número.
-¿Fumas?- dijo Roman extendiéndole el cigarro con la mano.
-Chévere, andaba buscando uno [lo tomó y lo llevó a su boca] y tú ¿Cómo te llamas?- continuó
-Ah, Roman, amigo de Marcos- y señaló al que se había ido
-Oh, no lo conozco mucho, me invitó una de sus compañeras-
-Ah [ríe] y ¿Qué haces por aquí? Hablas diferente, no me suenas mexicana-
-No sé, me trajeron aquí. Soy de Venezuela pero estoy de intercambio-
Alguien interrumpe la plática, la chava voltea, le habla su amiga del otro lado de la habitación, le dijo a Roman que le esperara un rato y se quedó solo otra vez.
La chava regresó rápido y le dijo –ya me voy, platicamos luego chaval- y le puso una servilleta a Roman en la mano, tenía su número de teléfono, pero él no se había percatado de ello, pensó que le había dejado su basura y la soltó, cayó en un charquito de cerveza que había en el suelo y los números se transparentaron en el papel. Por suerte lo escribió con pluma y no se borró. Levantó el papel y lo exprimió con mucho cuidado, lo llevó a la cocina para buscar cómo secarlo.
Mientras hacía esto, su amigo Marcos, lo veía con curiosidad desde el otro lado de la sala.
Metió el papel en el microondas y programó cuarenta segundos, se quedó viendo cómo daba vueltas el papel una y otra vez hasta que se percató de una mirada que lo asechaba, retiró la vista del microondas y vio que desde su reposo en un sillón, Marcos le preguntaba con una seña -¿Qué chingados haces?- Roman volteó hacia el microondas y regresando la mirada a Marcos dijo -Teléfono-
Sonó el timbrecillo del microondas, abrió la puertecilla y sacó el papelillo, tenía escrito un número de teléfono y una carita feliz, pero no había nombre. El nombre no le preocupó mientras ya tenía ganada una apuesta.
Abril
Estaré pensando,
mirándome los pies
escuchando música de lado,
con el rostro bien acartonado.
Repasaré cada una de tus curvas en mi mente
me sacaré los ojos
y pintaré en mi muro
una silueta tuya, vaga y encantadora.
Bosquejo de la primer burla
Érase un…
Te puedo llevar un clavel al pie de tu puerta ¿O te parece mejor que te dedique una canción cada noche? La primera semana serían canciones que no dijeran nada, pero que fueran largas. Luego inventaría melodías para cada hora del día Así hasta maravillar tus oídos.- El pajarito se aburrió de escucharlo y se fue. <<Ahora me quiere imitar>> pensó mientras volaba.
Jamás había extrañado
Extraño llegar a ese pequeño lugar por las mañanas, me siento incompleto, como si hubiera dejado un pedazo de mí en las butacas pintadas, en las canchas de concreto, en los árboles mal cortados, en los salones vacíos. Extraño a mis compañeros, las risas, sobre todo las risas. Todos los días que pasamos juntos me pesan esta misma noche, el cigarro que cuelga de mi boca hace más pesado este sufrimiento. Sólo me quedan algunas fotos que me hacen humedecer los ojos y me cierran la garganta, extraño el bachillerato. La universidad es una mierda, la calle es una mierda, todos los que están ahora son una mierda, la secundaria fue una mierda, las primarias fueron una mierda, no hay nada como mi bachillerato y mis compañeros y mis maestros aunque a veces pésimos, pero qué divertido fue conocerlos y burlarme de ellos y que me sacaran de sus clases, y jugar fucho con los cuates todo el día sin entrar a clases ¡Qué carajos! los recuerdos me fulminaron ¿Por qué tuvo que acabar tan pronto eso? Tal vez debería ser al revés, o algo contrario, pero no me conformo. Todo, de ahora en adelante, será menos que mi bachillerato o por lo menos será una mierda.
Tú, mis ojos, mi tabaco y mis pocas palabras
No me lo pude guardar
Y espero que no te moleste
Pero hoy te vi más bonita que antes
No sé si son tus ojos
Tu piel
O tus labios
Pero no pude dejar de mirarte
Mirándote
Sin querer
Y casi sin hacerlo
Me di cuenta de algo
Te vi también más pequeña
Chiquitica como un colibrí
Como si pudiera echarte en una bolsita y guardarte en uno de mis ojos negros
¿Será eso acaso que mis ojos ya te extrañaban demasiado y por eso no querían cerrarse hasta no verte en las noches que te ausentabas de ellos?
Puede ser, me lo creo
Pasé noches enteras tratando de que mis ojos se cerraran y se resignaran de no haberte visto todo el día
Tenía que abrazarlos, tenía que cantarle cantitos,
Arrullarlos como bebé en brazos
Y tratar siempre de descifrar su punto débil ante tu ausencia.
Pero curiosamente una noche que fumaba a la ventana de mi cuarto descubrí que cuando el humo de mi pipa tocaba mis húmedos ojos, ellos se cerraban
-¡Qué maravilla!- dije -¡Qué maravilla!-
Y pasé diez o veinte noches en mi ventana colmando de humo mis ojos para que ganaran dormirse
Sin embargo
Como ya cabes en uno de mis ojos
Ahí te echaré y ahí vivirás
Ahí dormirás y gritarás
Y harás todo lo que sueles hacer
Ahí verás las mañanas, los atardeceres, las cartas que te escriba y los mensajes que te mande
Hasta que te decidas a salir
Y viendo lo que ya viste dentro de mi ojo comprenderás que en un “te quiero” mío que te escriba o que te mande, va más que un solo “te quiero”
Van como cuatro o cinco y va un “te extraño” y un beso y un “me has hecho falta esta mañana”
Pero hasta entonces, sólo hasta entonces lo vas a entender
Me tomé unos minutos para escribirte esto, seguiré lavando trastes entonces.
lunes, 3 de junio de 2013
Sobre el tema de las putas sociales
Fotografía
Sobre la legalización de la marihuana en México
Sobre los mal llamados “terroristas”
lunes, 20 de mayo de 2013
VIEJO PAPEL
Me asombro,
De haber sido amor
Ya se hubiera ido
O muerto tal vez
¿Por qué no hacen mujeres de papel?
Qué buena idea
Sin duda, una mujer de papel me caería bastante bien
Que tuviera pies de papel
Piernas de papel
Pechos de papel
Y corazón de papel
Donde le pueda yo escribir mi nombre
Lo malo
Es que si se mojara
Perdiera su figura
O si hay mucho viento
Se la llevara a tierras lejanas
Pero bueno, con mi nombre en su pecho la vendrían a dejar a mi casa
Podría doblarla en un pedacito y echarla en mi bolsa
Podríamos viajar mucho y pagar un solo pasaje
Su piel seria lisa y le dibujaría lunares donde quisiera
Le dibujaría su rostro
Y si no me gusta
Se lo despinto y lo vuelvo a hacer
Qué lindo seria
Le pintaría sus cabellos de mil colores
Le dibujaría una cicatriz en el codo, para que no fuera perfecta
La llevaría al parque para que todos la vieran
Y la llevaría al museo para que la exhibieran
Con una leyenda en su pierna:
“Qué viejo está el papel en el que escribo
Me asombro,
De haber sido amor
Ya se hubiera ido
O muerto tal vez”
Fernando Javier Cruz
LA CARTA
Dieciséis años después, me lo volví a topar. Entró a trabajar en la oficina de un tío como contador de planta. Ya tenía una familia, dos crías mujercitas y una dama a la que no se le notaba el paso de la vida. Todo parecía de dulces matices en su existencia. Pero me enteré, por los fatales rumores de oficina, que anda jugando al enamoramiento con una secretaria de nombre Amelia.
Nadie podía afirmar la relación, pero tampoco la podían negar a ciencia dura. A su mujer no le preocupaba el tema. Amelia, con su jovial delicadeza, lo negaba con alegría en el rostro. Pero este desconcierto oficinista, acabó con una carta que alguien, seguramente encontró entre los oficios y se tomó la molestia de fotocopiarla y hacerla repartir secretamente por la oficina.
La carta versaba así.
Hola Amelia...
Mírame, aquí otra vez, escribiéndote. Mujer de caderas ágiles y movimientos sutiles. Amelia mía, mujer delgada y de tiempo mío, tú que te tocas los cabellos de vez en cuando para llamar mi atención. Hermosa dulzura de esta amarga vida, ven por favor. Te estoy buscando de antes sin saberlo. Te declaro aquí, mi palpitar de todos los días, hoy que es nuestro primer aniversario, nuestra primera vuelta al sol, juntitos.
Me gustas cuando bailas; cuando te pones es pantalón verde olivo que tan bien te asienta en las caderas al caminar; cuando eres amable y tierna al recibir mis oficios para dárselos al jefe; cuando juegas con tus cabellos ondulados en tu silla móvil. Tu lindo mirar a lo lejos por la ventana en las tardes lluviosas. Me embeleso cuando hueles bien.
Porque somos opuestos me gustas. A mí me gusta acomodar las cosas y a ti desacomodarlas; si no tú, quién para desacomodar las cosas de la casa, para yo acomodarlas luego.
Cuando me desconcentras de mi trabajo es cuando más te me agradas. Cuando desafinas mi guitarra para que la suelte y te toque a ti. Cuando interrumpes mi melodía con tus suaves dedos y ríes persuasivamente para que continúe tocando y me interrumpas después y así pasar largo rato contigo. Así quiero pasar el resto de mi vida, a tu lado, encontrándonos siempre para reír del coraje de la oficina. Para dialogar en las noches de mi terrible insomnio y porque esa es la vida, dialogar, tener siempre la opinión, aunque sea contraria a la tuya pero siempre para amarnos. Para que cuando vallamos a comprar unos zapatos tú digas verdes y a mí me parezcan mejores los rojos, y así discutir en la tienda y al final, yo decir verdes para complacer tu sonrisa e irnos con ligereza, para que después me digas que ganaste y yo te contesté que te dejé ganar.
Así sería feliz mi vida de nuevo, siempre dejándote ganar después de un pequeño enojo para que me sonrías y me beses. Así te quiero Amelia, linda y caprichosa; tierna y maravillosa; amante al anochecer y ardua secretaria al amanecer.
Que en la pasión no tengas miedo y rías con la misma sinceridad al evocar un informe pendiente del trabajo. Que en mis caídas no me ayudes, sino que te rías para que procure caminar con más cuidado. En fin, así te quiero Amelia mía.
Fernando Javier Cruz
COSA DE DOS
Cotidianos tus ojos,
Pero no tú mirar.
Cotidianas las calles;
Cotidianos tus pasos,
Pero no tú andar.
Simples mis trazos
Como simples mis palabras,
Pero no mis sentimientos.
Fernando Cruz
