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lunes, 10 de junio de 2013

Qué hombre (parte 2)

II
Dos noches después hubo música viva en el café donde vivía Roman, sus amigos lo habían invitado para pagarle, pero no tenía con quién ir. Se le ocurrió llamar a la chava de la fiesta. La chava que da su número de teléfono pero no le pone nombre. Vaya problema para Roman.
Fue al teléfono público que estaba en la esquina de su calle para llamarle, en el camino trató de averiguar el nombre de aquella mujer, algún vago recuerdo de la fiesta le podía ayudar, había escuchado a su amiga decirle un nombre pero no recuerda cómo, iba caviloso por la calle, pero no obtuvo éxito alguno, y así, sin saber su nombre y con unas manos sudadas de nervios y un papel con una carita feliz oliendo a cerveza, echó tres monedas en el teléfono y marcó el número de la servilleta.
Una voz tenue y gentil se escuchó por la bocina del teléfono que contestó primero que Roman <<La llamada no puede ser completada como la ha marcado, por favor inténtelo de nuevo, gracias>>. Echó su cabeza hacia atrás, rió a sí mismo y dudó en volver a marcar. Miró a su alrededor, nadie por las calles para ver su ridiculez. Sacó sus monedas y las echó otra vez, marcó el número tan pausadamente, para no equivocarse, que tuvo que sacar sus monedas y echarlas nuevamente.
Marcó otra vez y ahora sí, sonó dos veces, contestó la chava con una voz muy sensual. Roman saludó nervioso, habló nervioso y le propuso la salida nervioso. – ¿Alo?- dijo ella
-Hola [intentó decir un nombre], soy Roman, el chavo de la fiesta-
-Ah sí, ¿qué pasó?-
-Oye, te propongo una salida, ¿Qué dices?
-Amm [tardó en recordar] si, ¿Cuándo?-
-Hoy-
-¿A qué hora, dónde?-
-¿Como a las siete está bien?-
-Chévere-
-Es aquí donde te dije que vivo-
-Vale, nos vemos ahí-

Roman sonrió como si estuviera platicando con ella de frente y luego se fue a su casa.
Ella, viviendo en casa de una de sus amigas, colgó el teléfono y empezó a buscar algo que ponerse para sorprender a Roman. Le había caído más que bien en la pequeña y torpe plática que tuvieron en la fiesta por alguna extraña razón que ella desconocía, imaginó que tenía esa chispa alegre de todos los mexicanos, eso le encantaba.
Tomó una blusa negra de escote y un short café muy pequeño.
El evento en el café no empezó tan tarde como pensaba Roman y su amiga fue bastante puntual.
Sigo diciendo “su amiga” porque a Roman no se le ocurrió preguntarle su nombre ni en la fiesta ni cuando le habló por teléfono.
Él la esperaba sentado en una banca bajo la sombra de unos árboles, meditaba sobre su encuentro, sobre su casa sola, sobre su nombre, sobre sus pechos, sobre su nombre. Vio que llegó y que bajó del taxi, no se levantó para ir a hablarle sólo la contempló ahí frente a él, luciendo su latinoamericano y hermoso cuerpo, tampoco quiso decir nada. Todos los taxistas la miraban con ganas de no sólo hablarle hasta que Roman se puso de pie y caminó hacia ella. La saludó con la mano sin decirle nada y ella contestó diciéndole –Hola Roman-
Él pensaba preguntarle su nombre cuando llegase, al ver que ella sí se acordaba del de él prefirió no hacerlo para no quedar como un tonto y continuó
-Qué puntual eres-
-Gracias- dijo ella
-Es por allá- dijo él y señaló una calle cualquiera.
Caminaron hacia el café. En el camino ella empezó a contarle sobre Venezuela, que tenía un perro en casa, que los atardeceres son más delicados, de unos cigarros que no vendían aquí y de un peluche que trajo a México porque no puede dormir sin él. Roman parecía muy interesado en la plática y pareció haberle causado gracia eso del peluche, pero en el fondo seguía preguntándose << ¿Cómo te llamas? Mujer ¿Cómo te llamas?>>

Llegaron al café y tomaron una mesa junto a un pilar. A ella le parecía una mesa bonita, era una mesa muy sencilla de madera con dos sillas, una servilleta de tortillas como mantel y sobre el mantel un cenicero limpio de vidrio. Pidieron unos cafés y los trajeron enseguida, a ella le gustaban bien cargados, algo amargos y fríos, a Roman sólo fríos.

Real de Catorce estaba en la tarima, era una tarima de madera muy pequeña, sólo como para diferenciar a la banda del público, pero al fin y al cabo era una tarima, qué decir de a música era Real de Catorce. Roman parecía estar más interesado en la música que en la chava, era una de sus bandas favoritas, pero la realidad era totalmente opuesta, en realidad se moría por hablarle, pero no lo hizo hasta que ella interrumpió el silencio. Ella jamás había escuchado blues y le agradó. Se sintió como en una película viejita de roquerones. Charlaron sobre algunas cosas personales, estudios, familia, parejas, sobre la música que estaban
escuchando y a Roman, entre toda esa platica, se le ocurrió preguntar cuál era su nombre completo. Qué estrategia tan buena para averiguar el nombre de alguien cuando no te acuerdas.

Su amiga se sacó de onda porque la pregunta no venia al caso, pero decidió contestarla al fin y al cabo.
Se acercó a él para que la escuchara bien y Roman trató de poner mucha atención a sus labios para no perder pista de ello. Su amiga respiró hondo para pronunciar su nombre, la observó. Con mucho deleite vio que sus pechos se abultaron un poco cuando jaló aire y eso le quitó la atención de la boca de la mujer. Aparte de distraerse con sus pechos, un estallido ensordecedor dentro del café hizo que no escuchara lo que dijo. Los dos dejaron la plática y voltearon la vista hacia donde escucharon la detonación pensando que alguien había disparado un arma o que había un terrorista. Ella asustada y Roman también buscaron lo que lo había provocado, todos estaban alarmados, la banda dejó de tocar, buscaban a alguien herido o sangre en el piso o en una pared o algo parecido, pero vieron que de una bocina salía humo y todo se tranquilizó y hubo risas en el ambiente. Había tronado una bocina del café, al mismo tiempo ella había hablado. Ella se carcajeaba y Roman se reía poquito, no sabía si del coraje o del susto, pero se reía.
-Espera voy al baño- dijo ella riéndose todavía.
-Si- le dijo Roman y vio como se alejaba de la mesa con su andar liviano, de mujer bella pero sencilla.
Llamó a su amigo Freddy, uno de los meseros, señaló hacia el baño, dijo que averiguara el nombre de aquella chava, Freddy se limitó a un sí y una risa en la cara. Fue muy listo Roman al llamar a Freddy, estaba medio feo y la chava no le iba a decir más que su nombre.
En lo que la chava se fue y Freddy la distraía, Roman pensaba buscar en su bolso algo que tuviera su nombre, una credencial, un lápiz, un lo que sea, pero le dio miedo que lo sorprendiera y mejor se puso a escuchar a la banda.

Regresó, el cenicero de la mesa tenía ya una colilla apagada y Roman fumaba otro cigarro.
-¿Fumando ya?- le dijo
-Ah, disculpa- contestó él –Es que esa canción-
-¿Cómo se llama?-
-Déjame tranquilo-
-Oh suena tristón, emm ¿traes más cigarros?-
-Sí-

Sacó de su chamarra una cajetilla amarilla y se la extendió. Ella tomó dos cigarros, uno lo puso junto al cenicero y el otro lo llevó a su boca y lo encendió.
Sus cafés estaban a medias, ambos se miraban con el humo en sus caras.
Sus cafés se acabaron, la música también y ya era hora de que ella regresara a casa. Tomó su bolso de la mesa y le dijo que la esperara afuera, que iba al baño y ya volvía. En cuanto la chava entró al baño, Roman corrió a ver a Freddy, le preguntó si había conseguido su nombre, le dijo:
-Ah sí, se llama Ortencia-
-¿Ortencia?- preguntó Roman
-Si, Ortencia, ella me lo dijo-
-¿Como la taquera de la esquina?
-No que no la conocías pues o ¿de quién me estás hablando?-
-De la chava que entró al baño cuando te dije, la de la blusa negra, la buenota, la...-
-¡No mames! [Interrumpió], pensé que señalaste a la otra que había entrado-
-¡No wey! La que estaba conmigo en la mesa-
-¡Ja! Rifado eh, te estás ligando a una morrísima y no sabes ni cómo se llama-
-¿No sabes cómo se llama quién Roman?- dijo la chava que ya había regresado del baño.
-Eh [dudó en contestar] la taquera- dijo Roman
-Ah, ¿nos vamos?- sugirió ella
-Si ya se está haciendo tarde [volteó el rostro], cámara Freddy nos vemos-
-Sale Roman, échale ganas con el nombre- dijo con una risita en la cara.
Salen, la chava camina adelante, Roman la sigue y en la puerta hace una pequeña parada y le mienta la madre Freddy.
Van caminando, ya es de noche pero la calle está bastante iluminada y no se pierde ningún detalle, las estrellas están donde siempre con su luz con su distancia, la luna sigue arriba con el conejo de siempre, las casas se toman una café para dormir.
Roman bajó la mirada a sus caderas para ver si su ropa interior tenía escrito su nombre en el encaje de atrás, pero lo que no vio es que ella se iba maquillando, sostenía un espejo en la mano derecha y alcanzó a ver la operación de Roman.
-¿Qué ves Roman?- preguntó jocosamente
Roman trató de imaginar algo coherente en menos de tres segundos para responder y lo único que le salió fue:
-Me dijeron que en tu país, las mujeres, le escriben su nombre a sus chones y quería comprobarlo-
Ella se volteó y con un giño en el ojo le dijo:
-Te engañaron querido, se lo escribimos en el bra-
No le cayó mal el comentario, se rió y siguió caminando, Roman se le emparejó, ella siguió pensando, le habían dicho que los mexicanos eran muy mañosos, lo acababa de comprobar, con mucho deleite. Su mente iba en su onda, Roman decidió echar un vistazo a su bra para ver si ahí tenía el nombre. Lo volteó a ver, sonrió y preguntó el por qué era tan gracioso.
-Así somos los mexicanos- dijo y siguieron caminando.
Caminaron al sitio de taxis. Llegaron <Ya no hay corridas chavos> dijo el encargado. Roman se rió y dijo de broma <No hay nadie en mi casa>, <Bueno, vamos antes de que anochezca más> le contestó ella. Una sonrisa de alegría y a la vez de tontada se asomó en la cara de Roman. No sabía si en verdad no había nadie en su casa, sus padres le comentaron que tal vez salían en la noche, pero su hermano iba a estar ahí.
Caminaron a casa, no quiso apresurarse Roman. La calle se miraba muy larga y derecha, casi interminable. La caminaron tranquilamente y pun, la puerta de su casa. La incertidumbre de encontrarse a su hermano o peor aún, a sus padres. Entraron, las luces estaban apagadas, había silencio, el titubeo flotaba en el aire, su hermano no salía, sus padres tampoco, tal vez ya estaban todos dormidos. Se fue a fijar en el cuarto de sus padres. Ya adentro no sabía qué hacer con ella.
La cama estaba bien tendida y bien vacía. Luego se dirigió a la cocina. Ella iba siguiéndolo, viendo qué hacía, viendo la casa. En la mesa de la cocina se encontró dos papelitos. Uno decía:
“Roman, fuimos a donde te dijimos, llegamos mañana, cuida a tu hermano, hay dinero en donde ya sabes, es para comida…”
El otro decía:
“Fui a casa de un amigo, ahí llego”
Qué alivio para él, sonrió.
Propuso que cenaran, pero ni ella no él tenían hambre ni ganas de estar cocinando a las once de la noche en una casa sola para dos.
Intentaron ver una película y cayeron a la misma pregunta: por qué ver una película a media noche en una casa sola para los dos.
-Ya me dio sueño- dijo ella con un bostezo enfatizando la sugerencia.
-Vamos, te enseño el cuarto- dijo el anfitrión sin ninguna indirecta.

Salieron de la sala, pensó que en verdad tenía sueño y quería descansar, no notó ninguna insinuación cuando le dijo que ya tenía sueño, caminaron por el pasillo sin verse, sin hablarse. Ella tarareaba una canción mientras caminaba tras de él, miraba las paredes.
Entraron al cuarto, en él hay dos camas, la de su hermano y la propia, también hay un ropero, una guitarra y varios libros. Las camas están separadas, una de cada lado, la Roman se ve desde la puerta.
-Ahí está mi cama, yo me quedo en el otro cuarto para que te sientas cómoda- dijo él sin haberlo deseado.
-No me gusta estar sola, mira, me pongo cómoda cuando apagues la luz y ya tú te duermes en la otra cama ¿Va?-
-¿Segura?- preguntó otra vez estúpidamente
-Ándale- dijo
-Bueno- accedió

De nuevo no vio ningún tipo de insinuación por parte de ella, se creyó todo lo que le dijo, pero afortunadamente para él no fue así.
Cerró la puerta y apagó la luz, en esa oscuridad se imaginaba su cuerpo desnudo y una mano extraña, tal vez la suya, recorriéndolo, ella no sé que se imaginaba tal vez nada.
Un poco de luz de luna entraba por la ventana que daba a la calle de atrás y el cuarto no era del todo oscuro, apenas y la podía ver, podía ver su perfil, se empezaba a quitar la ropa y lo llamaba a la cama, todo era como un sueño, él se le acercó y le tocó los cabellos, se derritieron en sus dedos, era un sueño, en realidad ella sólo jaló la cobija y se acostó, ni siquiera se quitó la agarradera del cabello, sólo los tenis.
Él se acostó en la cama de su hermano y caviló: “pinche vieja ¿cómo madres te llamas?” Ella interrumpió el silencio, que no se podía dormir, que quería su peluche. Caviló otra vez y se acordó del peluche del que le había contado en el café.
Con un poco de sarcasmo ofreció sustituir ese peluche, escuchó una carcajada que tapó con sus manos y pensó que había desechado su propuesta, que le iba a contestar con un “Sí ajá”, pero no, se rió de haber aceptado.
Se levantó de la cama de su hermano y caminó hacia la otra, ella se acomodó haciéndose un poco para la pared, él se sentó en la orilla y trató de acomodarse, pero lo único que acomodó fue un codazo en su costado tratando de jalar la sábana.
Pasaron unos minutos en silencio así con el aire eléctrico, con los perros de afuera inquietos, con las estrellas y su distancia inmóviles, con nuestras carnes en reposo.
Ella respiraba hondo y lento. Su respiración ambientaba la habitación con un decoro casi imperceptible. Sus cabellos jugaban con la cara de Roman cada que se acomodaba. En el aire seguía la duda << ¿cómo pinche madre te llamas? Al rato no te voy a poder decir – ¡Si Amanda!- o ¡Si Beatriz!- o ni modo que te diga -¡Sí perra!-, no es lo mío. >>

¿Cómo podía Roman pensar eso y besarla al mismo tiempo? ¿Cómo podía quitarle las ropas sin saber su nombre? El cuarto era oscuro, su respiración subía, la tensión del aire subía, su blusa subía. El viento que corría por la ventana de atrás se detenía para echar un vistazo, no había muerte que los preocupara ni estruendo que disipara su delicia.
De pronto algo suena en el apagador y la luz del cuarto se enciende, deja al descubierto sus pechos, sus pies desnudos y sus sueltos cabellos. Exhalan ambos y abren los ojos. Buscan qué había pasado, quién había prendió la luz ¿Su hermano se regresó? ¿Sus padres llegaron antes? ¿Un ladrón? Roman casi grita, pero se contuvo, ella no pudo y gritó.
-Ah, no es nadie- dijo y se acordó –el apagador tiene un corto y a veces hace eso-
Se levantó y apagó la luz.

A la mañana siguiente ella se fue. Quién sabe cómo se llamaba. Qué nombre habrá dejado en la casa de Roman. Tal vez la invite a salir otra vez, no lo sé.

Qué nombre (parte 1)

Con un cigarro en la mano y los ojos llenos de alegría Roman volteó hacia la puerta de la casa y alcanzó a ver que una hermosa sombra de mujer iba entrando. Era una chava de Venezuela que cuyo compañero había invitado a una fiesta de la universidad. Ella morena, de cabello negro, lacio y brilloso, de ojos café miel de esos que brillan hermosamente a la luz y pechos irresistiblemente tangibles, se adentraba con todo ese batallón al mar de ebriedad y tabaco que había en la habitación.
Roman quedó atónito ante ese perfil. Quería hablarle, bueno no sólo quería hablarle, pero quería empezar por eso, no encontraba una buena escusa para hacerlo. Era pésimo para empezar una plática con las chicas, pero agarraba confianza luego.

En fin, Marcos, el dueño de la casa, lo convenció de que se le acercara, bueno no lo convenció más bien lo empujó hasta ella. Al momento de hacerlo, la chava volteó y le sonrió a Roman y Marcos se fue para dejarlos solos. Le había apostado cien varos a que no le sacaba su número.

-¿Fumas?- dijo Roman extendiéndole el cigarro con la mano.
-Chévere, andaba buscando uno [lo tomó y lo llevó a su boca] y tú ¿Cómo te llamas?- continuó
-Ah, Roman, amigo de Marcos- y señaló al que se había ido
-Oh, no lo conozco mucho, me invitó una de sus compañeras-
-Ah [ríe] y ¿Qué haces por aquí? Hablas diferente, no me suenas mexicana-
-No sé, me trajeron aquí. Soy de Venezuela pero estoy de intercambio-
Alguien interrumpe la plática, la chava voltea, le habla su amiga del otro lado de la habitación, le dijo a Roman que le esperara un rato y se quedó solo otra vez.

La chava regresó rápido y le dijo –ya me voy, platicamos luego chaval- y le puso una servilleta a Roman en la mano, tenía su número de teléfono, pero él no se había percatado de ello, pensó que le había dejado su basura y la soltó, cayó en un charquito de cerveza que había en el suelo y los números se transparentaron en el papel. Por suerte lo escribió con pluma y no se borró. Levantó el papel y lo exprimió con mucho cuidado, lo llevó a la cocina para buscar cómo secarlo.
Mientras hacía esto, su amigo Marcos, lo veía con curiosidad desde el otro lado de la sala.
Metió el papel en el microondas y programó cuarenta segundos, se quedó viendo cómo daba vueltas el papel una y otra vez hasta que se percató de una mirada que lo asechaba, retiró la vista del microondas y vio que desde su reposo en un sillón, Marcos le preguntaba con una seña -¿Qué chingados haces?- Roman volteó hacia el microondas y regresando la mirada a Marcos dijo -Teléfono-
Sonó el timbrecillo del microondas, abrió la puertecilla y sacó el papelillo, tenía escrito un número de teléfono y una carita feliz, pero no había nombre. El nombre no le preocupó mientras ya tenía ganada una apuesta.

Abril

Hoy me la pasaré tendido en la cama en honor a lo rojo de tus mejillas
Estaré pensando,
mirándome los pies
escuchando música de lado,
 con el rostro bien acartonado.
Repasaré cada una de tus curvas en mi mente
 me sacaré los ojos
y pintaré en mi muro
 una silueta tuya, vaga y encantadora.

Bosquejo de la primer burla

Hace tiempo, pero mucho tiempo, había en el planeta, hombres y mujeres dispersos en los bosques, vagando por los climas diversos con pocas protecciones. Un día, uno de tantos hombres, divisó una manzana que colgaba de un árbol. Él ya sabía que tenían un sabor dulce, porque alguna vez recogió una del suelo y la mordió. Así, le nació el deseo de cortarla para comerla. Se puso debajo de la manzana, la contempló en su roja altura, alzó una mano, y no la alcanzó. Bajó el brazo lentamente, pero no le quitó la mirada. Mientras hacía esta faena, otro hombre lo miraba a unos cincuenta pasos de distancia, sin que el primero se percatara de su presencia. El que tenía la hazaña de bajar la manzana, pegó un brinco y se estiró lo más que pudo para arrancarla del árbol, pero no funcionó. Entonces, enfureció. Tomó una piedra y la lanzó con todas sus fuerzas a la manzana. Como era de esperarse, no le atinó. Poco a poco, la piedra fue cayendo hasta que se detuvo en la cabeza del intrigado mirón. Inmediatamente, éste se agarró los cabellos e hizo una cara de dolor y empezó a frotar sus manos contra su cráneo. Repentinamente, una cosa muy rara se apoderó del que lanzó la piedra. Comenzó a sentir una fuerza que venía desde dentro [como si dijera -Ah aha ahaa ahaha-] que le sacaba el aire, le hacía brotar agua de los ojos y lo hacía sentir feliz. Se rió por primera vez y se olvidó de la manzana. Siguió andando por el bosque y cada vez que esa imagen, de la piedra golpeando al mirón, volvía a su mente, volvía a risa.

Érase un…

Don Sentadito miraba un papel que sostenía en la mano, afuera de su árbol. En la otra mano, un cigarro se consumía lenta y esponjosamente. Lo veía inmóvil, inerme. Un pajarito posado en una rama percibió el humo de su tabaco, se asomó para ver qué era, y lo oyó decir: -Entre tú y yo no pasan ni las noches Ni un mosquito ni el viento. Habría que cambiar eso.
Te puedo llevar un clavel al pie de tu puerta ¿O te parece mejor que te dedique una canción cada noche? La primera semana serían canciones que no dijeran nada, pero que fueran largas. Luego inventaría melodías para cada hora del día Así hasta maravillar tus oídos.- El pajarito se aburrió de escucharlo y se fue. <<Ahora me quiere imitar>> pensó mientras volaba.

Jamás había extrañado

Hay tantas personas y tanto tiempo detrás de mí, pero sólo extraño 3 años de mi vida. Ni mi infancia, ni la vieja casa, ni los perros que tuve, ni las mañanas cubiertas de nieve fuera de México, ni los atardeceres sombríos me traen tantos recuerdos como el bachillerato, extraño mi bachillerato.
Extraño llegar a ese pequeño lugar por las mañanas, me siento incompleto, como si hubiera dejado un pedazo de mí en las butacas pintadas, en las canchas de concreto, en los árboles mal cortados, en los salones vacíos. Extraño a mis compañeros, las risas, sobre todo las risas. Todos los días que pasamos juntos me pesan esta misma noche, el cigarro que cuelga de mi boca hace más pesado este sufrimiento. Sólo me quedan algunas fotos que me hacen humedecer los ojos y me cierran la garganta, extraño el bachillerato. La universidad es una mierda, la calle es una mierda, todos los que están ahora son una mierda, la secundaria fue una mierda, las primarias fueron una mierda, no hay nada como mi bachillerato y mis compañeros y mis maestros aunque a veces pésimos, pero qué divertido fue conocerlos y burlarme de ellos y que me sacaran de sus clases, y jugar fucho con los cuates todo el día sin entrar a clases ¡Qué carajos! los recuerdos me fulminaron ¿Por qué tuvo que acabar tan pronto eso? Tal vez debería ser al revés, o algo contrario, pero no me conformo. Todo, de ahora en adelante, será menos que mi bachillerato o por lo menos será una mierda.

Tú, mis ojos, mi tabaco y mis pocas palabras

¿Sabes?
No me lo pude guardar
Y espero que no te moleste
Pero hoy te vi más bonita que antes
No sé si son tus ojos
Tu piel
O tus labios
Pero no pude dejar de mirarte

Mirándote
Sin querer
Y casi sin hacerlo
Me di cuenta de algo
Te vi también más pequeña
Chiquitica como un colibrí
Como si pudiera echarte en una bolsita y guardarte en uno de mis ojos negros
¿Será eso acaso que mis ojos ya te extrañaban demasiado y por eso no querían cerrarse hasta no verte en las noches que te ausentabas de ellos?
Puede ser, me lo creo

Pasé noches enteras tratando de que mis ojos se cerraran y se resignaran de no haberte visto todo el día
Tenía que abrazarlos, tenía que cantarle cantitos,
Arrullarlos como bebé en brazos
Y tratar siempre de descifrar su punto débil ante tu ausencia.
Pero curiosamente una noche que fumaba a la ventana de mi cuarto descubrí que cuando el humo de mi pipa tocaba mis húmedos ojos, ellos se cerraban
-¡Qué maravilla!- dije -¡Qué maravilla!-
Y pasé diez o veinte noches en mi ventana colmando de humo mis ojos para que ganaran dormirse
Sin embargo
Como ya cabes en uno de mis ojos
Ahí te echaré y ahí vivirás
Ahí dormirás y gritarás
Y harás todo lo que sueles hacer
Ahí verás las mañanas, los atardeceres, las cartas que te escriba y los mensajes que te mande
Hasta que te decidas a salir
Y viendo lo que ya viste dentro de mi ojo comprenderás que en un “te quiero” mío que te escriba o que te mande, va más que un solo “te quiero”
Van como cuatro o cinco y va un “te extraño” y un beso y un “me has hecho falta esta mañana”
Pero hasta entonces, sólo hasta entonces lo vas a entender
Me tomé unos minutos para escribirte esto, seguiré lavando trastes entonces.

lunes, 3 de junio de 2013

Sobre el tema de las putas sociales

El tema que voy a exponer aquí es el de las llamadas putas, facilotas, pirujas, güilas, prostitutas, zorras,  en la sociedad.
El término de prostitución, define a cualquier mujer u hombre que lleva a cabo el coito con compañero o compañera en cuya elección se excluye el factor emocional o afectivo, constituyéndose así, la retribución monetaria, (o sea que le saquen lana al otro u otra). Pero la prostitución no se limita solamente a las mujeres que trabajan en un table dance, ni a los hombres que trabajan proporcionando placer a las esposas insatisfechas, o a chicos o chicas que trabajan en una casa de citas. No, el chiste es que no son sólo estos los casos de prostitución.
Una chava que va a una fiesta o un antro en busca de un chico con billete, ¿Qué es? Es una prostituta pero bien cara, no está disponible a un boletito de $300 o $500, no, cuesta muchísimo más. Un hombre que se casa con una hija de un multimillonario para entrar al círculo socioeconómico de su familia ¿Qué es? Un empleado o una empleada que le coquetea a su jefe para conseguir un ascenso ¿Qué está haciendo?
El término puta se le asigna a las que trabajan en un table dance, pero a una chica que se casa con un millonario no le dicen nada ¿no? Es algo incoherente a mi punto de vista.
A un hambre, que diga un hombre, lo ven como un individuo bien hecho por andar con varias mujeres, y a una mujer que la ven con varios hombres la ven como una prostituta, ¿Por qué? ¿Está bien llamarlas así? ¿Será acaso la idea machista y el prototipo antiguo que nos ha implantado la iglesia católica? ¿Será acaso que sea cierto? Yo digo que nel pastel.
Las mismas mujeres se llaman así entre su propio género, dicen “¡Ay! esa tipa se acuesta con cualquiera, perdón pero es una puta” ¿Por qué lo dicen? Las mujeres tienen el mismo  derecho de disfrutar del sexo como los hombres. El que ella quiera disfrutar de su vida sexual y otras no, no les dan el derecho de llamarles así.
Una mujer que tiene relaciones sexuales con diferentes hombres no es una puta, lo repito, no es una puta, es una mujer que sabe disfrutar y que quiere disfrutar de su vida sexual.
Miles de féminas han luchado y muerto, por muchos años y que digo años, décadas, para que las mujeres puedan jugar con las mismas cartas con las que los hombres juegan y al llamarlas putas están tirando a la basura toda esa lucha, están atentando en contra de la inclusión de la mujer en la sociedad.
Me han preguntado si es una puta una mujer que llega y me dice “Oye, ¿me agarras una bubi?” A lo que les respondo “No”, siempre y cuando no te cobre. Una mijer que hace esto, no es una puta, es simplemente una mujer que busca satisfacer sus placeres más naturales que tiene.
Ustedes ¿Qué piensan? ¿Son o no son? ¿El querer placer te hace un o una prostituta?
Desde mi innecesario punto de vista, son más prostitutas las mujeres que aparecen en la televisión. Se casan con riquillos para que les de la lana a cambio de un poco de sexo y se divorcian después de unos meses (Claro, sin dejarles la cuenta del banco).
¿Por qué creen ustedes que son tan bien vistas estas personas?
Por la televisión, no hay otra cosa más culpable que la televisión, pero la tele ya es otro problema y lo tenemos que analizar en otro texto porque este ya se acabó.

Fernando Cruz Vicente

Fotografía

Debido a los bruscos cambios climáticos que está sufriendo la tierra (gracias a nosotros), los animales están recurriendo a prácticas más humanas para solucionar sus problemas. 

Fernando Cruz

Sobre la legalización de la marihuana en México

Ganja, cannabis, hachís, kaya, Juana, mariguana y otros más son los diferentes nombres por los que se le conoce a esta yerba tan controvertida, el cannabis sativo.
Para los Rastafaris es una yerba sagrada que los comunica con su dios, para muchos y muchas, es una droga y debe ser ilegal, para otros es una llave que te abre las puertas a la cuarta dimensión, para otros más es una medicina, medicina del alma o del cuerpo, como sea pero medicina. ¿Quién tiene la razón? ¿Los rastas? ¿Los médicos pachecos? ¿La gente común? ¿Los espiritistas? En lo personal, pienso que estas preguntas no se pueden aplicar al problema de la legalización.
¿Quién es el que debe decidir si debe ser ilegal o no? ¿Por qué lo debe decidir esa persona o grupo de personas? ¿Quién le dio el poder o el derecho a esa persona (de decidir qué debe ser legal o no)? ¿El pueblo a través de la disque democracia? ¿Dios? ¿Ellos mismos se autolegitimaron el poder de la legalización? Eso de ser legal más bien es una farsa que corresponde al ámbito de la economía.
El término Legal, quiere decir que tiene el permiso de ser comercializada. El legalizar algo, es darle permiso a las compañías de apoderarse de ese producto o mercancía.
Observemos un ejemplo ¿ustedes han consumido algo legal que no sea comercializado por una marca registrada y que no entre en la categoría de mercado negro? A ver qué día nos dice el gobierno que los tamales son ilegales (sería algo bastante estúpido de su parte, pero es algo creíble).
Aquí no aplican los fundamentos de los científicos, ni los del clero ni nada. El punto es la comercialización de la ganja, en pocas palabras, quién se va a quedar con el varo.
Me aventuraré a imaginar lo que pasaría si la marihuana se legalizara en nuestro país. Las empresas tabacaleras, al ser aprobada la legalidad de la cannabis, se apoderarían inmediatamente de ella, y convertirían, algo totalmente natural, en una mezcla de químicos y aditivos que nos consumiría centímetro a centímetro, como lo ha hecho el “tabaco” hasta hoy, o más bien, los cigarrillos. Entonces se instalaría una nueva guerra, tabacaleros contra narcos (que ya no serían narcos en ese entonces) o bien los narcos obligarían a los tabacaleros a comprarles la yerba a uno solo, y si le compran, la mercancía más barata, habría otra guerra, narcos contra narcos, y sería el mismo cuento do hoy.          


El comercio legal del cannabis, sería un negocio enorme, gigantesco. No creo que los empresarios, políticos, y demás burguesía dejen pasar esa oportunidad de enriquecerse. Políticos dueños de grandísimos comercios de marihuana, jefes policiacos tratando de controlar más comercio clandestino para sacarle más billete; el consumidor sería el único que tendría un cambio. La situación del consumidor cambiaría, recibiría marihuana legal, pero totalmente contaminada y alterada para que consuman cada vez más y más y todos se vuelvan unos mariguanos adictos y se penalice de nuevo el consumo.
¿Será buena la decisión de pedir la legalización de mariguana? ¿O la dejamos así como esta? Para mi gusto, mejor la dejamos así, no sé qué piensas tú.
Pienso que tratar con los narcos es más seguro que comprar churros adulterados.
Tal vez los dos te maten, cada uno en su situación específica, pero la marihuana adulterada seria causa de muchas más muertes de las que causa el narco ahorita.

El alcohol y el tabaco causan alrededor de 10,000 muertes directas en México (imagínense las indirectas), por fumar mota no te puedes morir, para morir de una sobredosis de pachequéz necesitarías fumarte 30 kilos, pero tal vez te quedes dormido en el primer kilo si lo intentas. Es más, la pobreza y el hambre en México, cobran más vidas que los narcos. Entonces, ¿es viable o no?.

Fernando Cruz Vicente

Sobre los mal llamados “terroristas”

Hamas es una organización social, política y religiosa de Palestina fundado en 1987, con el objetivo de destruir el Estado de Israel a través de la guerra santa y recuperar sus antiguos territorios.
El único tratado de paz que aceptarán, es el de detener la ocupación judía que de una manera ilegítima ha usurpado sus tierras.
Su fundador, Yasim, un maestro minusválido empezó proporcionando obras benéficas y educativas. Los militantes de HAMAS se ocuparon de hacer hospitales, escuelas, orfanatos, guarderías y una universidad islámica.
Sus fondos le llegaban de la hermandad musulmana y de donaciones de los países árabes. Sus filas se llenaron de niños, ancianos, mujeres, hombres, jóvenes, estudiantes desesperados que después de cincuenta y ocho años de ocupación padecían de la humillación, miseria, violencia y el confinamiento en los campos de refugiados.
Las brigadas ALKASAM son un grupo armado encargado de fabricar bombas, misiles y de seleccionar a los mártires que se inmolaran para liberar a su pueblo y entrar en el paraíso.
HAMAS, fue castigado al ver eliminado a su líder y fundador Yasim y en la revuelta Palestina-Israel.
HAMAS y sus seguidores sufrieron la destrucción de millares de sus casas, detenciones masivas y el asesinato de 20 líderes de la organización. Pero los ingresos a esta organización aumentaron a pesar de que Estados Unidos y Europa los pusieran en las listas de organizaciones terroristas y mientras las operaciones suicidas desbordan a Israel, en palestina no necesitan operar en la clandestinidad. Su portavoz político, asegura que la resistencia armada seguirá siendo una alternativa hasta que cese la ocupación. Quieren rescatar los derechos palestinos y crear un verdadero estado soberano. Mientras tanto asegura que no habrá paz ni estabilidad.

HAMAS es un movimiento de los más controvertidos y secretos del mundo. Palestina es uno de los países con mayor densidad de población y no podría operar sin el aval de su gente.
Los militantes utilizan la capucha sólo para misiones militares, el resto del tiempo llevan una vida normal, hay estudiantes, doctores, trabajadores, etc.
“Toda la gente de palestina es HAMAS- dice un palestino- porque no vivimos en libertad, si yo viviera libre no me convertiría en una bomba andante, prefiero vivir luchando a quedarme en mi casa viendo como mueren los niños”.
La popularidad de HAMAS crece donde hay pobreza, muerte, hambre. Psicólogos, hicieron un estudio en 3000 niños de palestina y más del 45% de ellos había presenciado una paliza hacia sus padres por soldados israelitas, por lo tanto la figura paterna ahí no tiene tanta fuerza para los niños, es ahí donde entra HAMAS, los niños ven al movimiento como un padre que les cuidará de los israelitas y los yanquis.
Los niños asocian esta figura paterna con la figura del último padre –Dios- para ellos, dios, no puede ser derrotado como sus padres, dios es dignidad, inclusive si mueres por dios en realidad no muere.

 Fernando Cruz Vicente

lunes, 20 de mayo de 2013

VIEJO PAPEL

Qué viejo está el papel en el que escribo,

Me asombro,

De haber sido amor

Ya se hubiera ido

O muerto tal vez

¿Por qué no hacen mujeres de papel?

Qué buena idea

Sin duda, una mujer de papel me caería bastante bien

Que tuviera pies de papel

Piernas de papel

Pechos de papel

Y corazón de papel

Donde le pueda yo escribir mi nombre

Lo malo

Es que si se mojara

Perdiera su figura

O si hay mucho viento

Se la llevara a tierras lejanas

Pero bueno, con mi nombre en su pecho la vendrían a dejar a mi casa

Podría doblarla en un pedacito y echarla en mi bolsa

Podríamos viajar mucho y pagar un solo pasaje

Su piel seria lisa y le dibujaría lunares donde quisiera

Le dibujaría su rostro

Y si no me gusta

Se lo despinto y lo vuelvo a hacer

Qué lindo seria

Le pintaría sus cabellos de mil colores

Le dibujaría una cicatriz en el codo, para que no fuera perfecta

La llevaría al parque para que todos la vieran

Y la llevaría al museo para que la exhibieran

Con una leyenda en su pierna:

“Qué viejo está el papel en el que escribo

Me asombro,

De haber sido amor

Ya se hubiera ido

O muerto tal vez”

Fernando Javier Cruz

LA CARTA

Juan era un hombre casado, bastante amable y sobrio ante la sociedad. Lo conocí de joven, en el colegio de Capurro. Siempre tuvo fama de ser elocuente con las mujeres, pero también muy respetuoso de ellas. Yo, de tener esa habilidad, hubiera sido el tercero en discordia de muchas parejitas. El tiempo pasó y no tuve noticia de él por mucho.

Dieciséis años después, me lo volví a topar. Entró a trabajar en la oficina de un tío como contador de planta. Ya tenía una familia, dos crías mujercitas y una dama a la que no se le notaba el paso de la vida. Todo parecía de dulces matices en su existencia. Pero me enteré, por los fatales rumores de oficina, que anda jugando al enamoramiento con una secretaria de nombre Amelia.

Nadie podía afirmar la relación, pero tampoco la podían negar a ciencia dura. A su mujer no le preocupaba el tema. Amelia, con su jovial delicadeza, lo negaba con alegría en el rostro. Pero este desconcierto oficinista, acabó con una carta que alguien, seguramente encontró entre los oficios y se tomó la molestia de fotocopiarla y hacerla repartir secretamente por la oficina.

La carta versaba así.

Hola Amelia...

Mírame, aquí otra vez, escribiéndote. Mujer de caderas ágiles y movimientos sutiles. Amelia mía, mujer delgada y de tiempo mío, tú que te tocas los cabellos de vez en cuando para llamar mi atención. Hermosa dulzura de esta amarga vida, ven por favor. Te estoy buscando de antes sin saberlo. Te declaro aquí, mi palpitar de todos los días, hoy que es nuestro primer aniversario, nuestra primera vuelta al sol, juntitos.

Me gustas cuando bailas; cuando te pones es pantalón verde olivo que tan bien te asienta en las caderas al caminar; cuando eres amable y tierna al recibir mis oficios para dárselos al jefe; cuando juegas con tus cabellos ondulados en tu silla móvil. Tu lindo mirar a lo lejos por la ventana en las tardes lluviosas. Me embeleso cuando hueles bien.

Porque somos opuestos me gustas. A mí me gusta acomodar las cosas y a ti desacomodarlas; si no tú, quién para desacomodar las cosas de la casa, para yo acomodarlas luego.

Cuando me desconcentras de mi trabajo es cuando más te me agradas. Cuando desafinas mi guitarra para que la suelte y te toque a ti. Cuando interrumpes mi melodía con tus suaves dedos y ríes persuasivamente para que continúe tocando y me interrumpas después y así pasar largo rato contigo. Así quiero pasar el resto de mi vida, a tu lado, encontrándonos siempre para reír del coraje de la oficina. Para dialogar en las noches de mi terrible insomnio y porque esa es la vida, dialogar, tener siempre la opinión, aunque sea contraria a la tuya pero siempre para amarnos. Para que cuando vallamos a comprar unos zapatos tú digas verdes y a mí me parezcan mejores los rojos, y así discutir en la tienda y al final, yo decir verdes para complacer tu sonrisa e irnos con ligereza, para que después me digas que ganaste y yo te contesté que te dejé ganar.

Así sería feliz mi vida de nuevo, siempre dejándote ganar después de un pequeño enojo para que me sonrías y me beses. Así te quiero Amelia, linda y caprichosa; tierna y maravillosa; amante al anochecer y ardua secretaria al amanecer.

Que en la pasión no tengas miedo y rías con la misma sinceridad al evocar un informe pendiente del trabajo. Que en mis caídas no me ayudes, sino que te rías para que procure caminar con más cuidado. En fin, así te quiero Amelia mía.

Fernando Javier Cruz

COSA DE DOS

Cotidianas las ventanas;

Cotidianos tus ojos,

Pero no tú mirar.

Cotidianas las calles;

Cotidianos tus pasos,

Pero no tú andar.

Simples mis trazos

Como simples mis palabras,

Pero no mis sentimientos.

Fernando Cruz

sábado, 27 de abril de 2013

CRONICA DE UNA CALENDA URBANA

En la calle había mucha gente. Sin importar que fuera jueves por la tarde y el calor fuera abrumador, la gente no dejaba la calle. Más de media hora estuvimos esperando en la esquina de Santo Domingo. La banda tocaba una canción tras otra, el comienzo no parecía visible. Se me antojó un cigarro, me lo compré. Seguimos esperando. Tuvimos que caminar a la plaza central frente a la iglesia, ahí nos dispersamos. Un cuetero lanzó los primeros proyectiles contra el cielo. La calenda comenzó a caminar, luego la banda de guerra, atrás el puñado de gente mezclado con la banda de viento. Nos juntamos de nuevo. Nos formamos casi al final. Dos cuadras fueron suficientes para que nos fastidiáramos. Doblamos en la calle Manuel Bravo. No agarramos ningún mezcal. Bajamos tres cuadras hacia el zócalo, entre Morelos y García Vigil nos encontramos de nuevo a la banda de guerra, había más gente en las esquinas. Cruzamos la calle imprudentemente para no entorpecer nuestro camino con la calenda una vez más. Dimos seis pasos apresurados, una bola de fuego cayó de los cielos desprendiendo chispas en nuestros rostros. Corrimos hacia la acera izquierda desconcertados. Miramos atrás, era el cuetero con un torito, blasfemamos en su contra. Seguimos caminando, no nos paraba la risa, en verdad nos vimos muy torpes. Llegamos al zócalo y pasamos sobre él indiscriminadamente. Nos separamos a nuestras casas. Así terminó el día. Fernando Javier Cruz Vicente